Vacaciones 2008 – Capitulo IV

Hoy contare nuestro segundo día en Punta Cana en el que fuimos de excursión a Isla Saona.

Nos levantamos tarde y por casualidad, ya que alguien puso mal la hora del despertador que tenía que haber sonado a las 6 de la mañana, la hora de salida era a las 7. Ducha rápida y a desayunar, pero el bufet cerrado, el día no empezaba nada bien. Desayunamos en la recepción del hotel con un camarero que tenía más sueño que nosotros. Eso si a las 7 en punto cosa extraordinaria el autocar estaba allí, y digo eso porque en la República Dominicana la puntualidad no es precisamente algo a destacar, de hecho cuando te dicen un momentito la cosa se suele demorar entre 15 minutos y media hora.

Tras un viaje de unas 2 horas por unas carreteras que nada tienen que envidiar a las de villa cerros de arriba, llegamos a nuestro destino.

Sorprende la cantidad de puestos de venta de automóviles de segunda mano que hay y también la de pequeñas tiendas en las que está escrita la palabra banca.

Aquí embarcamos en una lancha que nos llevo a nuestro catamarán en el que íbamos a ir a Isla Saona. Un primer bañito con gafas y tubo para poder ver el fondo marino y a navegar. La nave estaba bastante bien, una parte de arriba para tostarse al igual que en el puente de proa, en el centro había una zona con sombra y una barra donde podías irte refrescándote con vitamina (Ron) ya que estaba todo incluido.

La travesía fue divertida, se almorzó, se bebió y hasta los más valientes estuvieron bailando con la tripulación.

Llegamos a las cercanías de Isla Saona donde hay unos bancos de arena donde se hace pie y que están a un kilometro de la costa, el agua allí es cristalina y se encuentran estrellas de mar, pero lo más cachondo es que todo el barco acabo haciendo botellón allí, en medio del mar del Caribe, para flipar. Después del lamentable espectáculo, (jeje) partimos hacia una zona de la isla donde íbamos a comer y pasar un rato tomando el sol y bañándonos en las playas más bonitas que he visto en mi vida.

Otra cosa que encontramos allí fue una sucursal del Corte Ingles.

De regreso hubo mas baile, esta vez más generalizado ya que la vitamina hacia sus efectos, un cumpleaños improvisado y hasta hubo gente que llego a ver una pareja de delfinas saltando.

Sin más novedades llegamos a puerto, subimos al autocar y regresamos al hotel, un muy buen día en que disfrutamos del sol y de la compañía de la tripulación y del organizador de la excursión “La familia Rocky”.

Una excursión muy recomendable para el que tenga la oportunidad de ir a Punta Cana.

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